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martes, 15 de agosto de 2017

Parques para gatos ¡ya!

Viene el tiempo bueno, el calor. El parque se llena de colores, de niños, de perros, de pájaros y de palomas. ¿Y los gatos?. Los gatos no pueden bajar al parque, ni aunque sus dueños les pongan las correas correspondientes. ¡No!. Asustarían a los pájaros, a las palomas, y a algún que otro niño. A su vez podrían ser molestados, asustados, agredidos, por buena parte de los perros, aunque alguno de ellos tenga una envergadura inferior a un gato.
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Vivo al lado de un parque. Seguro que a mi gata Sofy la gustaría pasear por la mullida y verde hierba, se dejaría acariciar por algún niño, e incluso haría buenas migas con algún otro gato de la vecindad.
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Pero no. No soy tan temerario para exponer a mi gata a los ladridos y mordiscos de los perros. Porque hoy por hoy el parque está tomado por los perros, unos sueltos, otros controlados por sus dueños. Uno, dos, una docena de perros… Y a todas horas; o a casi todas, pues de madrugada no se me ha ocurrido investigar la asistencia de perros en el parque.
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Sólo en una ocasión, hace algunos años, vi un gato paseando por el parque al lado de dos perros y de sus respectivos dueños. Nunca más le he vuelto a ver. Supuse que los perros estaban familiarizados con la presencia del gato, tal vez por compartir hogar con alguno de ellos.
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Y no, no es que no haya gatos en el vecindario. Los hay, y son muchos los que veo de vez en cuando asomados a las ventanas.
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Estaría muy bien poder sacar a nuestra mascota felina a dar una vuelta por el parque de vez en cuando, a ser posible todos los días, durante una o dos horas. Estaría muy bien que los gatos caseros recuperasen por un tiempo esa libertad de la que disfrutan sus parientes silvestres o sus parientes domésticos de pueblos o pequeñas ciudades.

Un gato disfrutando de 'Caturday'. Foto de Rosa Jiménez
Leo en el periódico que en “Dolores Park”, un parque de San Francisco, es habitual encontrar perros en él, perros que “No se recuerda cuándo dieron el último ladrido y denotan una exquisita educación”.
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Pues bien, desde hace unos meses el primer sábado de mes se ha convertido en el Caturday, el sábado del gato. Entre la una y media y las cinco de la tarde los dueños de una treintena gatos sacan a sus animales a pasear por el césped, jugar juntos o, simplemente, conocer otros felinos.
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En ese breve tiempo mensual no se admiten perros, el parque es territorio felino. Leo que “Lo único que se pide es que los gatos sean sociables y que estén acostumbrados a moverse en exteriores. Por supuesto, no los dejan sueltos. Van con arnés”.


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¿Para cuándo un Día del Gato en el resto de parques de las grandes ciudades? Y si es semanal mejor que mensual. ¿Acaso no está clara tal discriminación, aunque en el perro sea una actividad obligada y en el gato no?

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