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lunes, 7 de enero de 2013

Seguros de vida para mascotas



Siempre he sabido o intuido que había seguros de vida para “animales de valoración elevada”, los destinados a la cría o participantes en concursos y exposiciones, sean gatos, perros o caballos; y de responsabilidad civil para cierto tipo de perros. Pero no sabía que había seguros para mascotas. Indago en la red de redes y encuentro cosas muy curiosas.

Sofy, sentada, mirando la calle.
No hay diferencias significativas de cobertura entre mascotas, sean perros o gatos, aunque algunas compañías lo diferencian.
No se aseguran animales menores de 3 meses ni con más de 9 años.
El seguro básico, como mucho,  abarca la indemnización del valor del animal en caso de muerte accidental o robo, el reembolso de los gastos de asistencia veterinaria ocasionada por un accidente leve, los costes de la estancia en una residencia cuando el propietario es hospitalizado, los costes de sacrificio e incluso el reembolso de gastos de búsqueda en caso de extravío.
La modalidad ampliada incluye la cobertura de enfermedades y accidentes graves, y a veces algunos otros conceptos ya mencionados para abaratar el seguro básico.
Si son varias mascotas, puede negociarse el precio total de los seguros.
El precio de un seguro para una mascota va de unos 45 € a 250 € al año, dependiendo de la edad y las coberturas contratadas.
La valoración máxima por la muerte de una mascota en caso de accidente es de 12.000 euros.

Personalmente opino que si la mascota es gato no merece la pena asegurarla, bastando tener la cartilla de vacunaciones al día; y si es perro conviene un seguro básico con la obligada inclusión de posibles daños a terceros. Y siempre procurar seguir unos mínimos consejos que incluiré en otro futuro spot.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Felicitación de Navidad



Feliz Navidad y próspero 2013 a todos los pasados, presentes y futuros seguidores de este blog.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Mysy y Sofy ante extraños



Hace veinte años en la comunidad de vecinos había muchos niños. De vez en cuando algún vecinito entraba en casa para ver a mi anterior mascota, Mysy, y si se dejaba, acariciarla, lo cual ocurría de forma muy extraordinaria. Mysy huía de todos los adultos, tras bufarles primero. Sin embargo se acercaba a los niños, les olía y permanecía a corta distancia de ellos; pero eso sí, era muy raro que se dejase tocar o acariciar.
Con el tiempo aprendí a saber, con un 90% de seguridad, cuándo Mysy podía ser acariciada por un “intruso” sin que buzara o enseñara las uñas y los dientes. También debo añadir que con Mysy se cumplía lo de “perro ladrador, poco mordedor”; pero, por si acaso, tenía buen cuidado para que no arañara a nadie al verse importunada por la presencia de extraños.

Mysy enseñando los colmillos
Sofy es muy diferente en este sentido como ya he dicho en más de una ocasión. No bufa a nadie, ni enseña las uñas o los dientes. Al contrario, se esconde y tarda tiempo en aparecer de nuevo. Se deja coger y acariciar por todo el mundo, aunque sea sólo un ratito.
Se podría decir que no defiende su territorio, al contrario de la mayoría de los felinos. Y eso me hace pensar que al no tener una plena identidad con su territorio, dicha carencia la demuestre con el estrés que al parecer padece.
Es decir, lo de “no hay mal que por bien no venga” se podría aplicar en este caso a Sofy, pero al revés.



viernes, 14 de diciembre de 2012

Sofy se recupera



A los tres días del nuevo tratamiento Sofy parece recuperarse. La medicina nueva no la produce ese letargo de antes. Está más viva, juega más, salta de vez en cuando sin que la motive la caza de alguna mosca.
Sigue aseándose, lamiéndose, casi con la misma frecuencia de siempre, pero muy raramente se muerde en las patas; y cuando lo hace enseguida para por sí misma.
A los doce días la vuelvo a llevar al veterinario. Un perro se nos ha adelantado, al que le hicieron hasta una ecografía. Casi hora y media de espera.
La veterinaria encuentra mejor a Sofy. Otra inyección de corticoides, esta vez con una dosis menor que la anterior, y con la esperanza de que sea la última que necesite. La ayudante pincha mal la aguja. Ha debido tocar el hueso. Sofy se queja. Tras un rato de espera, la vuelve a pinchar en el otro lado.
De regreso a casa nos metimos en un bar a tomar un café, nos sentamos al lado de la ventana y orienté la jaula de modo que Sofy pudiera estar un buen rato contemplando la calle de cerca, viendo el transitar de coches y personas.
Es noviembre. Hace bastante frío. Espero que el frío ayude a que Sofy se restablezca lo antes posible.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Sofy juega sola

Una pelota, un cacahuete, una nuez, un simple emboltorio o un broche de plástico, sirve a la perfección para que un gato esté un buen rato jugando solo.
Aquí os dejo un video de minuto y medio en el que Sofy juega con un broche de plástico haciendo todo tipo de contorsiones. Espero que os guste, aunque la calidad deje algo de desear.


jueves, 29 de noviembre de 2012

Sofy estresada



Últimos días de octubre. Me topo con una conocida que tiene un gato enfermo, Leo. Me dice que en la ciudad hay una nueva clínica veterinaria cuya dueña es experta en gatos. Al día siguiente me facilita la dirección y me pongo en contacto con la clínica. Deseo una segunda opinión sobre la supuesta alergia de Sofy.
Una vez más en cuanto ve la jaula de transporte huye, se esconde. Cuesta más de quince minutos localizarla y encerrarla. Junto con un amigo la llevo a la nueva clínica veterinaria. Nos hacen pasar a una habitación “para gatos” y esperamos un poco.
La veterinaria y una ayudante la examinan y la auscultan. Tras casi una hora de charla con la veterinaria tengo las cosas algo más claras, como que los granos en barbilla y cuello que tenía y que no ha vuelto a tener era acné felino, algo frecuente que no tiene que ver con alergias.
 
Sofy bostezando tras una siesta.
La veterinaria piensa que lo que Sofy padece es estrés, causado por el cambio de vida y la adaptación al nuevo hogar tras ser adoptada.
También me dice que el estrés de los gatos es distinto al de los humanos, más delicado y de más difícil tratamiento. Me indica que cualquier cambio en su rutina les produce estrés, como un cambio de casa, otro animal en el hogar, un cambio de comida, o simplemente un cambio de muebles. Me recomienda para combatirlo un dosificador de feromonas. 
El objetivo es que no se lame (asee) tan frecuentemente, evitando zonas de la piel enrojecidas y con peligro de infección.
También me recomienda cambiar de pienso, darla otro más rico en proteínas y que refuerce la fina y delicada piel de un gato. 
En lugar del tratamiento con Urbasón y Ciclosporina, me recomienda una inyección de efecto retardado que dura 10 días. Acepto. Me indica que a diferencia de otras, la inyección es intracutánea, no bajo la piel, y por ello la dolería algo. La sujeta bien mientras la ayudante clava la aguja e inyecta el líquido. Sofy ni se inmutó, lo que las sorprendió bastante.
Salgo de la clínica con el dosificador de feromonas y el nuevo pienso.
Y a volver a los diez días para revisión.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Estadísticas engañosas



Consultados diversos foros sobre el tema de las lesiones producidas por un gato al caer desde una determinada altura, observo que a partir de una altura de 15 metros más de la mitad de los gatos fallecieron, y la mayoría de los restantes resultaron con lesiones graves o leves. Por debajo de los 15 metros encuentro un 40% con lesiones leves y un 60%  ilesos.
Curiosamente doy con otra página web de una clínica veterinaria donde presentan una estadística sobre los gatos que la gente les ha llevado por caídas al vacío de un cercano rascacielos. Según dicha estadística el 90% de los gatos que cayeron desde 2 a 6 pisos de altura sobrevivieron a pesar de las heridas; curiosamente también sobrevivieron el 95% de los que habían caído entre 7 a 32 pisos de altura. Esto último no es creíble. No es que la estadística esté mal hecha o sea falsa. Sencillamente, a mi modo de ver, faltan los gatos que fallecieron en la caída, muchos o muchísimos, y que la gente no los llevó a la clínica al ser evidente que estaban muertos. Es decir, la estadística se realizó no con los gatos que se precipitaron al vacío, sino con los que la gente llevó a la clínica tras precipitarse.

Incidiendo en lo dicho en un anterior spot:
Dicen que caen de pie. ¡Depende de si tienen tiempo para arquear el cuerpo!.
Dicen que hay una velocidad máxima en caída libre. ¡Mejor no probarlo!.
Dicen que tienen 7 vidas. Con una sola, larga y placentera, es bastante. Lo demás son temeridades.