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sábado, 6 de octubre de 2012

Sofy soporta bien el calor del verano




Agosto se presenta muy caluroso. A Sofy no parece importarla mucho, pues soporta muy bien el calor. Tras quince días de tratamiento parece que está bien: El pelo de las patas la ha vuelto a crecer y no se muerde.
Pasan sólo dos días sin medicamentos y vuelve a morderse. Consulto por teléfono al veterinario. Otros quince días con el mismo tratamiento y volver a revisión a finales de agosto.
No me gusta la idea de que, para estar sin autolesionarse, tenga que estar medicamentándose. Entre otras cosas porque ha perdido viveza, ganas de jugar con las pelotas, de hacer acrobacias en los travesaños de las sillas…

Sofy, de vacaciones, reposando.
Quince días de vacaciones. Un viaje. Sofy se esconde, se resiste a ser encerrada en la jaula de transporte. Durante el viaje intenta continuamente salir de la jaula, pero sólo logra sacar las zarpas. 
En apenas 50 minutos se llega a otra vivienda que ya conoce.
Por la noche intenta entrar en las habitaciones, se supone que para dormir debajo de alguna cama o en algún rincón. No se la permite, y duerme sobre un trapo encima del sofá del comedor.
Husmea las plantas de la galería, comiendo algunas hojas. Luego vomita, por primera vez. Está muy claro que necesitaba purgarse. A la vuelta la pondré otra maceta de hierba. Y espero que esta vez no se marchite.
Por dos veces ha brincado del suelo a una ventana abierta. Por dos veces a estado a punto de precipitarse al vacío. Dicen que los gatos caen de pie, que apenas se hacen daño. Aunque eso sea verdad, yo prefiero que no caiga, “por si las moscas”.
Ya hablaré en otro post sobre las ventanas y los gatos.

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