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viernes, 17 de abril de 2020

Sofy, los gatos y el Covid-19




Tras un mes confinado en casa y con la única compañía de Sofy, busco en Internet noticias sobre las mascotas y el coronavirus. Desecho algunas, y me quedo con las tres que considero más serias, realistas y documentadas.

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El coronavirus no solo se da en las personas, también puede darse en los felinos. Sin embargo, a diferencia del novedoso Covid-19 humano, los coronavirus en gatos (FCoV) se conocen desde hace muchos años. Estos incluyen el coronavirus entérico felino (FECV) y el más conocido virus de peritonitis infecciosa felina (FIPV). Este último provoca peritonitis infecciosa felina (PIF), una enfermedad fatal que conduce a inflamación del peritoneo y a la hidropesía en los gatos afectados.

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¿Qué pasa con los gatos y el coronavirus COVID-19? La Asociación de Veterinarios Españoles Especialistas en Pequeños Animales (AVEPA) insiste en que "hoy por hoy, no hay evidencia de que el gato pueda transmitir la enfermedad a personas"
Comienzan a salir noticias sobre el papel del gato en la enfermedad “que pueden generar dudas y temores más que aportar información útil”. Según el estado actual de los conocimientos científicos, la enfermedad respiratoria ha sido transmitida a través de murciélagos, pangolines o serpientes.

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Se han documentado casos de gatos y otros felinos como un tigre del zoológico de Nueva York que eran positivos al virus. “Todos estos casos tenían propietarios o cuidadores que eran positivos al virus y que muy probablemente han sido la causa de contagio de estos animales”.

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En condiciones experimentales los gatos pueden contagiarse con COVID-19 y transmitirlo a otros gatos, pero siendo inoculados con una cantidad de virus que difícilmente ocurriría en la vida real; y aun así solo un gato sano se contagió, lo que parece indicar que la transmisión entre gatos es mucho menos eficiente que entre personas. AVEPA señala que, “el gato, y posiblemente otros felinos, pueden verse afectados muy ocasionalmente por el virus, especialmente siendo contagiado por propietarios o cuidadores que tienen la enfermedad”.


Sofy, dormida, ajena al Covid-19

En Estados Unidos, el servicio de análisis clínicos de los laboratorios IDEXX ha evaluado más de cuatro mil muestras de gatos y perros con su nuevo sistema de ensayos para el virus COVID-19 y no ha obtenido resultados positivos en ninguna de ellas. Son buenas noticias, pero … sin saber si los animales habían tenido o no contacto con humanos contagiados.

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Ese análisis masivo y los casos conocidos han llevado a la Organización Mundial para la Salud Animal (OIE) a concluir que hasta la fecha no hay indicio alguno de que ningún animal, incluidas las mascotas, el ganado doméstico o los animales salvajes, puedan ser una fuente de infección directa por COVID-19. Tampoco se espera que tal cosa ocurra. La propagación actual de la pandemia es el resultado de la transmisión de humano a humano.

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No hay evidencia de que las mascotas puedan transmitir COVID-19 a las personas sino más bien lo contrario. Asimismo, recomiendan a aquellas personas con COVID-19 que tengan animales de compañía, “deben evitar o reducir el contacto con sus animales”. Y en aquellos gatos con acceso al exterior, hay que evitar que puedan salir.

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Para ampliar los datos, aquí brevemente recogidos y editados, ver:

http://www.diarioveterinario.com

domingo, 23 de febrero de 2020

Sofy cumple 8 años conmigo


Sofy 2012


Un 23 de febrero del año 2012, a las 10 menos cuarto de la noche, llamaron a la puerta de mi casa. Abrí. Inma, una compañera de trabajo, me traía desde Madrid, en un transportín, a una linda y temerosa gatita llamada Mincha. De eso hace exactamente 8 años.


Sofy 2013



Sofy 2014



Sofy 2015



Sofy 2016



Sofy 2017



Sofy 2018



Sofy 2019


sábado, 1 de febrero de 2020

Momia de gato




Hace un par de meses leí esta curiosa noticia en un periódico digital:

Científicos del Instituto Nacional de Investigación Arqueológica Preventiva de Francia lograron “abrir” una momia de gato con 2,500 años de antigüedad gracias a múltiples tecnologías 3D.


El ejemplar, un objeto egipcio conservado en el Museo de Bellas Artes de Rennes desde 1923, fue sometido a diferentes procesos tecnológicos para, finalmente, descubrir lo que encerraba en su interior. El método tecnológico de exploración de esta sorprendente momia consistió en tomografías computarizadas que derivaron en reconstrucciones 3D procesadas a través de realidad virtual y realidad aumentada.

Vista del interior de la momia


El contenido de la momia eran tres colas casi completas, cinco patas traseras y una bola textil en lugar del cráneo. Resulta entonces que esta momia guarda los restos no sólo de un gato, sino de varios. Los expertos creen que quizá esta práctica era más común en la antigüedad de lo que sabemos, aunque siguen explorando los motivos de la falta de cráneo.

La momia de gato, tal cual.

Me extraña mucho la última frase del autor del artículo, por ello la he subrayado y paso a comentarla. Primero por no ser práctica común (lo común: un gato, una momia); no hay que buscar razones para una “chapuza” bienintencionada, para una excepción. Y segundo por afirmar que siguen explorando los motivos de la falta de cráneo. 
Es obvio que algo tremendo les ocurrió a los tres gatos de un egipcio; por ejemplo, que se los comieran los cocodrilos; que recogió de ellos los restos que pudo; y que ante la dificultad de dividir los mismos en tres partes, decidió momificarlos juntos, colocando como cabeza lo primero que tenía a mano, que no dudo fuera de gran valor sentimental y/o económico para él.

miércoles, 8 de enero de 2020

Los gatos atigrado naranja




Ya hablé de “Los gatos atigrados”. Los gatos naranjas también suelen ser atigrados, aunque a algunos se les note poco las características “rayas”. El gato naranja es uno de los gatos más famosos, en la televisión gracias a un minino llamado Garfield, y en el cine por el gato con botas de Shrek.
A los gatos naranjas también se les llama gatos "orange Tabby" debido a que poseen el gen T que se encarga de generar el patrón atigrado naranja en su pelaje, que puede variar en tonos desde rojo anaranjado a amarillo dorado. Además, el patrón atigrado de estos felinos es uno de los más antiguos y tienen muchos rasgos en común con los gatos monteses.

Estos gatos no son de un tipo de raza concreta, sino que su color es una característica física que se produce en muchas de las razas felinas que conocemos tanto de pelo corto como largo. Su patrón atigrado naranja se encuentra tanto en razas puras como en gatos mestizos. Eso sí, un gato naranja, sea de la raza que sea, tendrá su pelo a rayas y una marca en forma de "M" de color más oscuro en torno a sus ojos.

Su carácter dependerá de su raza, pero suelen ser gatos activos y curiosos así que algunos juguetes y un rascador les harás muy felices. Tienen que educarse correctamente desde cachorros porque si no pueden volverse muy testaduros y rebeldes. Si se les acostumbra a las personas serán muy extrovertidos.

Los gatos naranjas suelen ser mayoritariamente ejemplares de pelo corto y principalmente machos. El porcentaje de las hembras con este patrón de color ronda el 20%. Como la mayoría son machos suelen tener un comportamiento territorial. Asimismo, tratarán de escapar en busca de una hembra por eso es recomendable la castración. Un gato naranja castrado será menos agresivo y se evitará que quiera dar paseos por el vecindario.

Si se desea un gato naranja siempre se puede adoptar; es muy fácil, pues suele haber ejemplares en asociaciones o protectoras de animales.

jueves, 12 de diciembre de 2019

Sofy estresada por las obras



 
Compro una mesa de comedor, más pequeña y funcional que la de siempre, pues las necesidades cambian y las mesas se deterioran tras muchos años de uso. Sofy la ve a cierta distancia, da un par de vueltas sin apartar los ojos de ella y luego husmea las patas de la mesa. Pero no se decide a saltar encima.
Al día siguiente veo que se acerca a la nueva mesa, se refriega la cabeza contra una de las patas y luego salta encima de la misma. Recorre pausadamente la superficie y de vez en cuando se detiene y agacha la cabeza para olisquear la madera.
Enseguida hace suyo el nuevo mueble, un lugar más para echarse un sueño.
Ya se sabe que todo cambio en el mobiliario causa estrés en un gato. E incluso, en algunos gatos, el simple cambio de lugar de una mesa, una silla, un sofá …


Pero lo que produce más estrés a un gato son las obras que hay que realizar de vez en cuando en el mantenimiento de una vivienda: Gente extraña (obreros) saliendo y entrando, ruidos modestos, invasión de su territorio.
Tocaba cambiar el suelo y la puerta del baño, amén de algún mobiliario higiénico de su interior. Trasiego de albañiles, carpinteros, electricistas, fontaneros, … Ruido y más ruidos. ¿Qué hace Sofy? Esconderse en la habitación más alejada, en el rincón, tras las cortinas. Supongo que, a causa del ruido, sin poder echarse un sueño.
A veces sale de su escondite a comer algo, la mitad de lo que acostumbra, cuando los ruidos cesan durante un largo tiempo. El primer día, cuando los ruidos eran más altos y prolongados, salía de su escondite, me miraba con cara de apenada y emitía un miau quejumbroso y repetitivo, como diciéndome “Me molesta mucho el ruido. Haz que pare, por favor.” La acaricio. Se calma. Más no puedo hacer. Los ruidos molestos sólo han durado un par de días, como era de esperar.


Pero ella no lo sabe. Asocia a la gente extraña con el ruido molesto de los dos primeros días, sigue escondiéndose y manteniéndose expectante, alerta. Espero que terminen pronto, en unos pocos días más. Por Sofy. Y también por mí y mi familia.

lunes, 25 de noviembre de 2019

El laberinto del gato de Angora




El Manul o gato silvestre de Pallas, habita en las estepas de Mongolia, Siberia y el Tíbet, y su abundante pelaje le protege del excesivo frío y viento. Lo más probable es que por hibridación del Manul con gatos domésticos rusos surgieran los antepasados de las razas de gatos Persa y Angora, con el gen responsable del pelo largo, que se desplazaron a Persia (actual Irán) y a Turquía respectivamente, donde se asentaron.

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El gato Angora fue descubierto en Angora (actualmente Ankara), en Turquía. Fue el primero de los gatos de pelo largo en llegar a Europa, en 1614-1626, de la mano de un naturalista italiano Pietro della Valle. El francés Nicholas-Claude Fabri los crió a partir de ahí, y se llevaron algunos gatitos a Inglaterra, donde fueron conocidos como “gatos Franceses“. No eran sino los originales Angoras Turcos.


Un gato Angora Turco

Unos años más tarde, también en el siglo XVII, se descubre al gato Persa, con los primeros ejemplares importados desde Persia (actual Irán) a Italia; y luego distribuido por el resto de Europa.

Los gatos provenientes de Persia eran grises y los de Turquía blancos.

Cuando el gato Persa llegó a Europa el Angora y el Persa fueron apareados indiscriminadamente, el Angora perdió popularidad y a principios de 1800 estuvo al borde de la extinción en Europa. Después del año 1900, el único gato de pelo largo reconocido de forma oficial por GCCF, en Inglaterra, fue la raza Persa. Si no lo hubiesen conservado en el zoológico de Turquía, podríamos haber perdido esta raza del todo.


Afortunadamente, durante las décadas de 1950 y 1960, EEUU, Gran Bretaña y Suecia importaron gatos de Turquía para empezar programas de cría y desarrollar la raza Angora Turco. Así, en EEUU la raza Angora Turco fue reconocida a principios de los setenta; pero hasta 1978, la CFA solo aceptó la variedad blanca, la forma más reconocida.

El Angora actual fue desarrollado en Gran Bretaña por Maureen Silson, quien en la década de 1960 apareó un Abisinio rojo con un Siamés Seal Point (marrón oscuro). Los descendientes que heredaron el rasgo canela fueron llamados gatos Orientales Shorthair; y los que heredaron el gen para el pelo largo dieron lugar al Angora o Angora Británico. La raza no está emparentada con el Angora del siglo XIX (el gato Francés, el original Angora Turco), ni con el revitalizado Angora turco (Ankara Kedisi), ni con el Oriental Longhair (o Mandarin), de reciente creación.


El gato Oriental es una raza de gato originaria de Tailandia.

El gato Oriental Longhair es el resultado del producto accidental de cruzas entre el gato Balinés y el gato Oriental Sorthair ocurridas en la década de 1980. Los primeros gatos de esta variedad son referenciados en Inglaterra como gato de Angora y se diferenciaban de los persas por tener una cabeza angular, orejas más grandes y manto más largo y sedoso. Luego se lo llamó Angora Británico para diferenciarlo de la raza “Angora Turco”.


En Estados Unidos el Angora Británico es una de las últimas razas en ser aceptadas dentro de las razas del grupo Siamés-Oriental. En 1983 es reconocido por su nombre en TICA, y en 1995 es aceptado por CFA. En la FIFe es llamado Javanés; y Mandarín en otras asociaciones. Pero en algunas asociaciones de EEUU usan Javanés para algunos colores del Balinés, lo que aumenta la confusión. En el año 2002, la GCCF renombra al "Angora Británico" como es reconocido con su nombre actual Oriental Longhair, en Inglaterra.


Resumiendo, existe el Angora Turco original o gato Francés, existe el actual Angora Turco, llamado Ankara Kedesi, ejemplares blancos de ojos azules, ámbar o dispares, protegido en los zoos de Turquía; y existen dos o más razas o variantes de Angora Británico, la más actual llamada Oriental Longhair


En el laberinto de los gatos angora, la raza original aún puede hallarse en el Angora Turco, llamado Ankara Kedesi. Este gato de pelo largo de extraordinaria belleza sigue conservándose en el zoológico de Ankara (Turquía), donde se mantiene la raza.

jueves, 14 de noviembre de 2019

El arte gatuno de Susan Herbert



Para mi sorpresa, muy gratificante, encuentro en la web a Susan Herbert y múltiples obras de arte, copias, en las cuales los protagonistas son gatos. Resumo lo leído:

Susan Herbert nació en Hampton-in-Arden, Inglaterra, el 30 de septiembre de 1945 y falleció en 2014. Tuvo una formación autodidacta. En 1990, tras quince años de trabajo duro y de éxito limitado, Thames and Hudson publicó “Cats Gallery of Art”, que fue un fenómeno editorial. Ahora es la artista del gato, con nueve libros publicados.

En su último libro “Cats Galore”, que podría traducirse como Gatos a montones, continúa su afición por forzar descaradamente a los gatos a meterse en la historia del arte, cambiando las personas que aparecen en El nacimiento de Venus de Botticelli o Las meninas de Velázquez por… simpáticos gatitos.
Suena divertido, pero los resultados son a menudo y de forma aún más cómica, bastante buenos y muy serios. Susan Herbert apena altera su estilo recreando escenas de Vermeer y Manet, desdibujando las líneas entre el Barroco y el Impresionismo. Su devoción por la historia del arte felinamente modificada es impresionante.

Realizó más de 300 pinturas con gatos. Merece la pena visualizar su obra.